La pareja perfecta.
El auto negro se detuvo frente al Hotel Russel.
Esmeralda no había abierto la boca en todo el trayecto. Había pasado el camino mirando por la ventanilla, con las manos entrelazadas sobre el regazo y el corazón latiéndole con una fuerza absurda cada vez que alguna curva hacía que la rodilla de Jason rozara la suya.
Ahora, al ver el edificio, se le escapó el aire.
Había escuchado hablar del lugar. El Hotel Russel era un