Mundo de ficçãoIniciar sessãoLory Steel era una fanática lectora de Dante D’Lion, un famoso escritor de romance. Para ella no había escritor más destacado que él. Lory estaba decidida a presentarse a la firma de libros que se llevaría acabo en su ciudad, sin contemplar lo que le esperaba. Dante buscaba un prospecto de mujer ingenua y sumisa para contraer matrimonio, alguien que estuviera dispuesta a hacer cualquier cosa sin poner sentimientos de por medio, y cuando contempló a aquella pequeña mujer entre todas sus fans, había decidido. La admiración de Lory por Dante se vio quebrantada una vez que contrajeron matrimonio, y la imagen que aquel hombre tenía sobre ella, se esfumó cuando cayó en cuenta que era de todo menos sumisa e ingenua. ¿Qué pasará cuando el odio mutuo comience a tambalear conforme pasa el tiempo?
Ler maisLory:Cuando Dante me propuso concretar un matrimonio por contrato, muy en el fondo quería soltar una carcajada. ¿Por qué un escritor tan aclamado buscaría contraer matrimonio con una simple fan? Y, peor aún, ¿por contrato?Es algo muy normalizado desde tiempos remotos los matrimonios por conveniencia y por contrato, incluso forzados, pero ser parte de ello era como un chiste jodidamente malo.En aquella firma de libros, jamás tuve la expectativa de llegar tan lejos. Me hubiese conformado simplemente con que él notará mi existencia, tener esa obra firmada con una nota más falsa que nuestro matrimonio actual y recordar su apariencia apuesta por el resto de mis días; que se hubiese mantenido como un amor platónico.En ese momento que subí a la tarima y entregue el libro en sus manos, observe atentamente cada aspecto de él, intentando memorizar cada rasgo, gesto, lunar y color de cabello.Me estaba deleitando con la vista de su cabello castaño y despeinado, cayendo en ligeros mechones sob
Dante: —Bésame. Desde el día de nuestra boda, jamás volvimos a besarnos. Estoy ansioso por sentir sus carnosos labios sobre los míos nuevamente, ¿y qué mejor oportunidad que esta? Estamos en público, las personas nos observan y necesitamos simular que somos una pareja felizmente casada, aunque detrás de las 4 paredes ella quiera envenenar mi comida. —¿Por qué haría eso? —cuestiona enarcando una de sus cejas. —Por tres simples razones: eres mi esposa, estamos en público y ese es el precio por pagar todos tus años de matrícula. —Eres un aprovechado. —bufa. La tomo de la cintura y la pego a mi. Joder, su diminuto cuerpo aviva el deseo en mi interior. Bajo la vista hacia ella y sus ojos conectan con los míos. La tensión en mi entrepierna comienza a expandirse por todo mi cuerpo. —Calla y bésame, Lory. —ordeno. Suelta un suspiro y procede a envolver sus brazos alrededor de mi cuello. Soy demasiado alto, por lo que tengo que inclinarme un poco hacia abajo. Mis manos se aferran a el
Dante:—Veremos si lo disfrutas el día que tengas mi polla entre las piernas, por bocona.Los labios de Lory se entreabrieron, dejando escapar un sensual suspiro que me erizó el vello corporal, mandando un torrente eléctrico sobre mi espina dorsal y despertando así, mis deseos más oscuros.Acerqué mi mano a su rostro, acunando su mejilla derecha; su cuerpo se estremeció, pero no se apartó. Posando el pulgar sobre su labio inferior, lo deslice hacia abajo y un pequeño jadeo la traicionó, provocando que mi miembro despertará dentro de mis pantalones.Nuestras miradas unidas, a la expectativa de que iba a suceder después.Finalmente, volvió en sus cabales y se apartó con sus mejillas tornándose completamente rojas.—Tendrás una de mis rodillas en las bolas antes de que siquiera puedas parpadear si vuelves a tocarme de esa manera. —amenazó.—Vamos, Lory, sospecho que lo disfrutaste.—No.—Puedes mentirte a ti misma, pero tu cuerpo te delató.—Imbécil.Ha pasado una semana desde entonces, y
Dante:Observando la reacción de Lory, caigo en cuenta de que esperaba cualquier cosa menos ese comentario. Estoy siendo totalmente honesto con ella, y así ha sido desde un inicio; incluso antes de nuestra boda le advertí y aún así asumió el riesgo.Debo admitir que me he comportado como un completo cretino, pero aún así, ella me sigue tratando de manera cortés, exceptuando sus constantes gritos de madre regañona. Ha seguido las reglas al pie de la letra, pero sigue interrumpiéndome de una u otra forma cuando estoy escribiendo.Observo a la mujer ante mí, contemplando sus ruborizadas mejillas y el brillo peculiar en sus ojos.¿Qué pasará por su mente? Creo que nunca lo sabré, pero si sé lo que pasa por la mía y son pensamientos demasiado candentes para su gusto.—¿C-castigarme? —tartamudea.—Así es, Lory.Aprecio su pequeño y delgado cuerpo vibrar cuando la nombro. Justo ese mismo efecto tengo yo cuando ella dice mi nombre.—¿Castigarme de qué manera? —cuestiona con inocencia.¿En ser





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