POV VITTORIA ROMANOVA
El eco del motor de un coche alejándose de la villa fue lo último que escuché antes de que el silencio volviera a devorar mi habitación. Me quedé inmóvil junto a la ventana, con la frente apoyada contra el cristal frío, observando cómo el polvo se asentaba de nuevo en el camino. No sabía quién era, no sabía que era un enviado de Isabella, pero sentí una punzada en el estómago. Era como si una parte de mi alma hubiera intentado gritarle a ese vehículo que se detuviera, que