POV VITTORIA ROMANOVA
—¡Alek! —gemí, lanzándome hacia él, sin pensar en nada más que en alcanzarlo.
Me estrellé contra su pecho con un arrebato ciego. En el momento en que mis brazos lo rodearon, sentí que su cuerpo se tensaba como una cuerda a punto de romperse. El siseo de dolor que escapó de sus labios fue una puñalada en mi propio pecho. Me quedé petrificada, dándome cuenta de que bajo mis palmas no solo había tela, sino una humedad caliente y pegajosa que no paraba de brotar.
—Lo siento,