—Tienes orden de captura —masculló Raymond, leyendo con su mirada oscurecida la nota de la prensa. —¡Hiciste las cosas a tu manera! —gruñó, negando con la cabeza.
Bianca rodó los ojos, encogió los hombros.
—Eres un mal agradecido, queríamos causarles dolor, y lo hicimos. —Ladeó los labios—, aunque hubiera deseado que ella también muriera —masculló—, pero ya habrá otra oportunidad.
La mirada de Raymond se enfocó en la desquiciada mujer.
—¡No puedes salir! —gritó. —¿No te das cuenta? —vocifer