Gerald caminó con el semblante lleno de seriedad hacia donde estaba el obrero.
—¿Cuánto te pagaron? —cuestionó sin titubear.
—Patrón… Yo —intentó disculparse, inclinó la cabeza.
—No sé los motivos por los cuales hiciste eso, pero acabas de perder una buena oportunidad, eras muy bueno en lo que hacías y pensaba ascenderte a supervisor.
—No me eche —suplicó con voz trémula—, por favor deme otra oportunidad —imploró con el rostro lleno de angustia.
—No, yo no doy segundas oportunidad, ve