Gerald bebió un sorbo de vino, y por primera vez, no tuvo una respuesta, frunció el ceño.
—No sé qué vi en ella —expresó con sinceridad—, la conozco desde que éramos niños, su papá era la mano derecha del mío, Bianca era una niña muy dulce, me agradaba su compañía. —Suspiró—, con el tiempo Isis empezó a trabajar en la empresa, y sedujo a mi padre, mi abuelo que era muy sabio me dijo que no debía juzgar a Bianca por los errores de su hermana, y la seguí tratando, salíamos al cine, a la discote