Bianca intentó abalanzarse encima de Myriam, pero Gerald, se puso en frente.
—No te atrevas a tocarla —rugió y la miró con profundo desprecio—. Lárgate de esta casa, y no vuelvas jamás, porque yo mismo te saco —rugió observándola con el ceño fruncido.
Helena abrió sus ojos de par en par al escucharla, pasó la saliva con dificultad, disimuló que las palabras de Bianca le dolieron, pero más se sorprendió al ver que Myriam la defendió, y que Gerald la apoyó.
Bianca dio vuelta y salió de la m