La mirada de Gerald se iluminó por completo, al enfocarse en el pequeño, sonrió al verlo dando pasitos en su andador, y agitando sus manitas, había recuperado el color en el rostro, y llevaba en la cabeza un gorrito del mismo tono que el pijama, pues hacía frío.
—Necesito lavarme las manos —le dijo a Myriam, sin dejar de ver al niño, no lograba descifrar lo que sentía en ese instante, era una extraña mezcla, entre alegría, emoción, tristeza, enojo con él mismo, él no era bueno para demostrar