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Las ramas de la maleza laceran mi piel sin piedad. A medida que avanzo, las heridas se vuelven más profundas, los arañazos más dolorosos, y mi ansiedad alcanza niveles insoportables.
Corro sin cesar, porque caminar no es una opción ahora. El problema es que no sé a dónde dirigirme exactamente. Aquel hombre dijo que en las profundidades del bosque, pero no tengo idea de dónde queda eso.
Sigo avanzando, enredando la pala en alguna que otra rama, lo que hace mi avance aún más difícil. Lo peor