—¿Y Benjamin? —salgo de la cama apresurada, sin tiempo de procesar nada. Joel también se baja, confundido y preocupado al mismo tiempo—. Dime dónde está Benjamin.
Me apresuro hacia la puerta e intento abrirla, pero no cede. Sigo encerrada. Me giro hacia el pequeño, que me mira con ojos temerosos como si estuviera loca.
—Lo siento, yo... —me paso una mano por el cabello, tratando de calmarme. Me doy cuenta de algo: tengo puesto un pijama, no la ropa que tenía antes de irme con ese ente—. ¿Benjam