Dos años después
Me remuevo en la cama cuando unos labios me despiertan al repartir besos en mi cuello y a pesar de la opresión de mi corazón sonrió sin abrir los ojos.
—Venga amore mío. Es hora de levantarse—dice mi esposo. Lentamente abro los ojos y lo veo sentado en la orilla de la cama. Lleva pantalones de deporte y su cabello oscuro esta húmedo después de la ducha
—¿Saliste? —le pregunto y él sonríe. Pero sé que está calibrando mí estado de animo
—Hice ejerció—Responde—Pensé que ya estaría