—¿Crees que este bien? —escuchó la voz preocupada de Lissa. Lentamente abro los ojos y estoy en una habitación del hospital.
Lissa de inmediato llega hasta mí y sus ojos rojos me miran antes de empañarse con más lágrimas
—¿Qué sucedió? —digo mirando con el ceño fruncido alrededor y veo a Cristal de pie al final de la cama de hospital con la misma expresión
—Te desmayaste después de sufrir una crisis
Todo me golpea al mismo tiempo. Las mentiras de Massimo, él enterándose de mi enfermedad, la