Mientras caminaba a su encuentro puse mi mascara de que nada me importaba, solo yo. Massimo se puso de pie cuando llegue a la mesa situada al fondo donde nos daría la privacidad para hablar de lo que quisiera
—Buenas noches— mi voz salió serena.
Y era un logró porque lo menos que me sentía era serena. Corrió mi silla invitándome a tomar Asiento. Al menos algunas cosas no cambian me dije a mi misma. La caballerosidad de Massimo fue una de las cosas que me gustaron cuando lo conocí. Hizo una seña