Sentada en el salón de la casa observo con diversión como la boca de Abby cae abierta. Mira a Damián y luego a mí antes de lanzar un chillido que me hace doler los oídos. A su lado, Damián y Zane se cubren los oídos ante tal sonido.
—¿¡No es cierto!? —inquiere a la vez que se levanta. Y, toma asiento al lado de Damián—¡Oh Dios! —No puedo creerlo— dice con incredulidad.
—Nosotros tampoco—me río ante su gesto.
—Felicidades a los dos—Zane dice con suavidad.
—Voy a ser tía —aplaude y da saltitos en