CAPÍTULO 27.1

Si no estoy muerta no falta mucho para que eso suceda. Mi cabeza duele, el estómago lo siento revuelto. Me remuevo bajo las sabanas y la jodida luz de la mañana se filtra directo a mi rostro ¿uh? ¿Sabanas? ¿luz de día? abro los ojos de inmediato y me siento en la cama, una cama que no conozco

¡Mierda!

—¿Que hice? —susurro mirando alrededor de la gran habitación iluminada por la luz de la mañana.

Con temor levanto la sabana y descubro que solo llevo una camiseta. Claramente no es mía. Recuerdo
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