Sin demoras, Stella sale de la bañera, se prepara y, envuelta en una bata dale directo hacia la habitación de James.
No se toma la molestia de tocar, no cuando está a punto de reclamar lo que es de ella, lo que le pertenece, gira el pomo y la abre.
James no se extraña cuando la puerta hace un crujido anunciándole que la han abierto, simplemente, se gira hacia ella y la ve ahí, a su chica, parada a la espera.
—Has venido —ella siente con un movimiento de su cabeza— Dime, cariño ¿qué quieres?