.75.
El silencio entre ellos era ensordecedor.
Maya estaba sentada a su lado, pero él no podía decirle nada.
No sabía qué pasaba por su mente.
Y lo peor era que…
Él tampoco sabía qué pasaba por la suya.
Ya eran las doce de la noche cuando llegaron a casa.
Maya se desabrochó el cinturón de seguridad y, sin esperar a que Oliver le abriera la puerta, salió del coche.
Ambos entraron en silencio. Era como si estuvieran tanteando el estado de ánimo del otro, esperando ver quién se atrevería a hablar prime