.64.
¿Por qué, de la nada, su actitud hacia ella se suavizó?
¿Por qué, después de tanto tiempo siendo frío e implacable, ahora se mostraba accesible?
Un sinfín de preguntas la atormentaban, y con cada una de ellas, su corazón latía más rápido.
Se sentía sofocada, incapaz de respirar correctamente.
Era como si su propia mente la estuviera torturando, empujándola al borde de la desesperación.
Maya cerró los ojos por un instante, obligándose a calmarse.
No podía permitir que Oliver notara su confusión.