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Pero su destino estaba más abajo.
Con una mezcla de deseo y adoración, besó su intimidad con suavidad al principio, como si quisiera saborear la anticipación. Luego, con más hambre, su lengua comenzó a explorarla, delineando cada rincón de su esencia.
Maya abrió los ojos de golpe, con su boca entreabierta en un gemido ahogado. Su cuerpo entero se estremeció al sentir la calidez de su lengua en el punto exacto donde más lo necesitaba.
—Ahh... Oliver... —jadeó, aferrándose a su cabello mientras é