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No podía aprovecharse de ella. Había bebido, y aunque estaban casados, no podía tocarla en ese estado. Contenerse era la mejor decisión.
No sabía si Maya estaba lista para entregarse a él. Tragó saliva y se obligó a pensar en otra cosa. Cualquier otra cosa. Aun así, su temperatura seguía en aumento.
Debía admitirlo: ver a Maya desnuda lo había excitado. Sus pechos, su piel… todo en ella provocaba en él un deseo incontrolable.
Dios… Cerró los ojos con fuerza. ¿Por qué no podía sacarse esos pensa