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Era él.
Oliver estaba allí, sosteniéndola, protegiéndola.
Se quedó paralizada, incapaz de reaccionar. ¿Era un sueño? ¿Una ilusión de su mente desesperada? Parpadeó varias veces, esperando despertar en cualquier momento. Pero no… era real.
Oliver soltó bruscamente la muñeca de la mujer, haciéndola tambalearse hacia atrás, y luego se volvió hacia Maya. Sus manos fuertes se posaron en sus hombros.
—Disculpen, señores. Sé que están disfrutando de su noche, pero mi esposa necesita descansar —anunció