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Ya había tenido suficiente. Podía compadecerse de sí misma, pero se compadecería aún más si seguía huyendo por miedo.
—Sí, tienes razón. Debería quedarme y vivir en paz con la mujer que amo, como siempre soñé. Gracias por darme la oportunidad. Estoy agradecido de que me permitas estar con ella. No podría ser más feliz de vivir con ella y nuestro hijo —susurró Oliver en su oído mientras aún la abrazaba.
Maya sintió que un balde de agua helada le caía encima.
Las palabras de Oliver le atravesaron