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Estefan negó con la cabeza, incrédulo.
—Genial, acabas de demostrar que estás acosando a tu esposa. Y, para colmo, creo que eres muy bueno en ello. Incluso compraste el restaurante frente a la boutique donde trabaja —dijo Estefan, antes de soltar una risa irónica.
Pero no estaba exagerando. Todo lo que decía era verdad. Oliver gastaría todo su dinero con tal de asegurarse de que Maya no estuviera fuera de su vista. Ese día, agradeció haberla visto. Desde el restaurante, la observó mientras ella