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Era astuta, sabía manipular las cosas a su favor. Seguramente había editado la cara de Maya en esas imágenes antes de enviárselas.
En lugar de seguir dándole vueltas al asunto, dejó su teléfono en la mesa auxiliar y encendió el televisor. Quería relajarse, pero Zoé ya le había arruinado la noche.
Se recostó en la cama mientras esperaba su pedido. Sus ojos estaban fijos en la pantalla, pero su mente seguía ocupada en todo lo que había sucedido.
Unos minutos después, el timbre de la puerta sonó.