Enzo acompañado de su esposa, sus dos nueras y por supuesto de suficientes hombres para asegurar la seguridad de sus vidas se dirigieron en dirección de la propiedad dónde se encontraban sus hijos.
Al llegar allí los dos se encontraban comiendo como si nunca antes lo hubieran hecho, los cazadores amablemente les brindaron ropa limpia para que se limpiaran sus cuerpos.
Todos fueron corriendo hasta donde se encontraban ellos, Santino y Dante se colocaron de pie y saludaron a sus seres queridos,