Los besos y las caricias hicieron presencia, a pesar de que Santino sabía muy bien que Dante era su hermano y que se encontraba enamorado de su cuñada, él no se podía detener, lo que él sentía por ella era demasiado fuerte a tal punto de que no tenía límites.
La ropa se fue cayendo, Santino temblaba como un gran trozo de gelatina, el hecho de haber llegado hasta este punto hacia que Santino se encontrará aún más lejos del camino correcto, pero deseaba continuar y no detenerse.
Emma de manera l