Elizabeth Romano
En este momento estoy en mi oficina, cuando fui interrumpida por una visita inesperada de alguien que pensé que nunca volvería a ver.
—Elizabeth, no me agradas y no te agrado, pero necesitamos hablar sobre Rodrigo —dijo Lila con un tono frío.
—¿Qué quieres, Lila? —respondí, tratando de mantener la calma.
—Seguramente sabes que él ya no quiere que lo defienda —continuó ella, su voz cargada de frustración.
—Más que defenderlo, tú quieres acostarte con él. No soy imbécil —repliq