Han sido los peores meses de mi vida. Siempre creí que sabía defenderme, pero las peleas en la secundaria con mis compañeros no se comparan a estar en prisión.
He tenido que pelear a golpes por comida, cama y para que no toquen mis cosas, más que nada para hacerme respetar. Más que los golpes o la soledad, lo que me duele es tener lejos a mi mujer y a mi hijo.
Todavía recuerdo cuando golpeé a un tipo que me robó la fotografía de Elizabeth; ese día terminé en la celda de castigo.
Sé que debo com