Se le aguaron los ojos.
Veinte minutos, había llegado tarde por veinte minutos y cuando bajó las escaleras ya habían retirado la cena.
Estaba hambrienta y mucho, parecía que los Ivanov habían complotado en su contra para dejarla sin cenar. Otra vez.
Contuvo las lágrimas mordiéndose el labio inferior. ¿Qué podía hacer? Sabía que las sumisas no la obedecerían. No lo habían hecho antes y menos lo harían ahora que Víctor le había puesto un collar.
El cubil pareció desierto pero sabía que los her