Capítulo XXXIII. Un accidente programado I.
Narrador.
Mientras nuestras damas vengadoras, vivían su propia vida, en espera que, de dar, a sus regreso, los pasos para su venganza, y que todo se fueran cumpliendo, en California, un CEO se reunía con sus inversores y sus abogados. Estaba preocupado con la situación de la empresa, las acciones estaban bajando, y no quería hacer una restructuración de personal, porque eso harían cundir aún más el pánico, pero, aunque aún no tenía perdidas, pronto comenzaría a afectar a la parte financiera de