Amanda aprendió rápidamente que el poder tenía un precio.
En el momento en que cruzó la línea invisible entre esposa protegida y jugadora independiente, el mundo pareció afilarse a su alrededor. Las conversaciones se detenían cuando ella entraba en una habitación. Los socios de Luca la observaban con demasiada atención. Incluso el personal del ático—educado, profesional, discreto—empezó a mirarla como si fuera algo frágil y explosivo al mismo tiempo.
Lo odiaba.
Odiaba aún más que Jason tuviera