—No, no, no—decía Pietro a su mujer mientras Alessia se paseaba de un lado a otro intentando presionarlo, estaba enfadada, pero él ya había tomado una decisión—. No hay forma de que intentes convencerme, han pasado un par de meses y yo quiero cambiar los documentos de una vez por todas. Debe importarte un demonio si llamó a mi abogado o no. Deja de vigilarme.
La gota que había derramado el vaso, fue que Alessia Salvatore había descubierto que su marido se reuniría con el abogado de la familia