Ese hombre no dejaba de mirarnos mientras se acercaba y vio que Álvaro y yo nos estábamos besando. Él se veía molesto. Finalmente, se detuvo a unos pasos de distancia y nos miró fijamente.
—¿Qué está pasando aquí, Álvaro? —dijo con voz firme y autoritaria. Su tono me hizo sentir una mezcla de culpa y confusión.
—¿Y tú quién eres? —pregunté, apartándome de Álvaro.
—Soy Adrián Fontana —respondió, mirándome intensamente—. Natalia, por favor, trata de recordarme.
Mi corazón latía con fuerza