No he dejado de recibir llamadas de Álvaro y, sinceramente, me siento muy mal por no responderle. Cada vez que veo su nombre en la pantalla, una punzada de culpa me atraviesa el pecho. Lo que me duele más es la confusión que me consume, una maraña de emociones que no me deja pensar con claridad.
Le he jurado a Álvaro que nunca tendría nada con su hermano, pero la verdad es que le he mentido. No sé cómo llegué a este punto, ni cómo fui capaz de hacerlo, pero siento que todo se está desmoronand