—¿Qué opinas, eh? ¿Te late rentar? Si te animas, por ser la cuñada de Zachary York, te haré una chulada de precio, un poquito más abajo que a los demás. Pero órale, a nadie le chismees, si los demás se enteran, van a armar un pancho y me pedirán que les baje la renta, y pos ahí sí que salgo fregado.
Liberty Hunt se sintió terriblemente tentada. Todos los días se paseaba por esa calle yendo y regresando del jale, así que sabía al pie de la letra el mogollón de gente que había por ahí.
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