La cara de William estaba llena de arrugas y casi no parecía el retrato que Audrey dibujó de memoria.
No se extrañó que Alejandro no encontrara a nadie.
Aunque Audrey dibujara un personaje real, con el retrato equivocado, por muy bueno que fuera el dibujo, no serviría de nada.
Clive miró al anciano frente a él y pensó para sí: ¿este anciano es el asistente de su abuela?
—Señores, ¿podría preguntarles cuáles son sus apellidos?
—No importa cuáles sean nuestros apellidos, ya hace décadas que nadie