—Liberty, ya es muy tarde, acuéstate pronto y yo tengo que volver a mi habitación. Mañana desayunaremos juntos.
La voz de Duncan estaba un poco ronca.
Liberty le dio un beso en la mejilla y le dijo buenas noches.
—Buenas noches. —respondió Duncan con una sonrisa.
Liberty lo empujó fuera de la habitación y él manejó la silla de ruedas hacia su habitación.
La sonrisa de su rostro no se borró en mucho tiempo.
La noche fue pasando.
Llegado el fin de semana, sin trabajo que hacer y con el tiempo repe