—Bueno. —respondió Callum con suavidad.
Los dos se dirigieron al comedor.
Después de desayunar, afuera llovía menos, pero hacía más frío.
Preocupado por si Isabela tenía frío, Callum subió de nuevo a buscarle un abrigo grueso y la vio ponérselo antes de salir con ella.
—¿Puedes llevarme a la floristería, cariño? Volveré a casa a mediodía.
—No hay problema, pero hace tanto frío y llueve que no creo que la florería esté muy ocupada, ¿qué tal si te vas a casa a descansar?
Isabela normalmente trabaj