Ya estaba oscuro.
Quiana terminó su clase justo a tiempo.
—¡Mira! ¡Es Alejandro!
Un chico vio el coche de Alejandro y gritó con mucha alegría, luego los otros chicos le siguieron corriendo hacia fuera.
—No salgáis, hace mucho viento.
Gritó Alejandro riendo, pero los chicos se abalanzaron hacia él.
Entregó varias bolsas grandes de snacks a unos cuantos chicos mayores y les dio los asados a los pequeños.
Quiana salía poniéndose un abrigo.
Al ver a Alejandro, sonrió y dijo: —Cuando no estabas aquí,