Alejandro miró al secretario.
El secretario se acercó.
—Ponlo en la mesita.
—Bien.
El secretario se dirigió hacia el sofá con el ramo en los brazos y lo dejó con cuidado. Se irguió, miró a Alejandro y le preguntó: —¿Hay más órdenes que usted quiere que haga yo?
—Por ahora no, puedes irte.
—Lo entiendo.
Al ver que Alejandro se ponía a trabajar, el secretario salió del despacho.
Alejandro terminó su trabajo lo más rápido que pudo, luego apagó el ordenador, cogió el celular y la llave del coche. Ac