Miró hacia su hermana.
Luna volvió a su asiento con su café y se sentó, sorbiéndolo con elegancia.
—Hermana, por qué no me dijiste que Kevin también estaba aquí. —susurró Eneko quejándose a su hermana.
—No dejaba de hablar en cuanto entraste y no me diste ni la oportunidad de intervenir. Tan pronto como salió Kevin te guiñé un ojo pero no me pillaste el punto. —contestó Luna inocentemente.
—No me da miedo decir que no me comlatece, sino que me guarde rencor por haberte dicho que rompieras con él