Después de un buen rato, Teresa dijo: —Bueno, ya está, no puedo controlarte, haz lo que quieras antes de que me cabree.
—Mamá, no te haré enfadar.
—En cuanto a cómo debes ser una mujer, si sigo molestándome por eso, me enfadaré de verdad. Para que todos vivamos cómodas, he decidido dejarte en paz.
—Puedes vivir tu vida como quieras, de todas formas no te importa lo que piensen los demás.
Dicho esto, Teresa se levantó y salió por la puerta.
—Mamá, ¿a dónde vas?
—Salgo a tomarme un respiro y a hab