La llamada de Kevin le dio a Luna una excusa para parar y tomarse un descanso.
Le susurró a su madre, que estaba supervisando su práctica de andar con pasos de dama: «Mamá, es Kevin».
Teresa le hizo una señal para que contestara a la llamada.
Entonces Luna se acercó a grandes zancadas al sofá y se sentó. Al ver a su hija con ese paso, Teresa frunció el ceño y siguió a su hija con una expresión descontenta.
Luna estaba acostumbrada a llevar ropa de hombre y era incapaz de caminar con gracia como