A menos que Liberty se encontrara en peligro, los guardaespaldas harían lo posible por avisar a sus amos.
—Gracias a Dios que estás bien, estaba muy preocupado. Liberty, estaré en Ciudad Río a las dos de la tarde.
—Pero Duncan, estoy bien, no tienes que venir.
Duncan tenía dificultades para viajar.
—Tengo que verte con mis propios ojos y asegurarme de que estás ileso antes de quedarme completamente seguro.
—Estoy muy bien, puedes preguntar a los guardaespaldas. Es tan inconveniente que salgas, n