Alejandro sonrió y contestó: —Tienes razón, no se puede ser precipitado cuando se trata del matrimonio. Solo quiero ayudarte porque veo a tu mamá siempre preocupada por ti.
Ahora, Alejandro decidió que debía abrirse paso poco a poco en el corazón de Quiana, hasta que ella se acostumbrara a su compañía, no aceptara que se fuera y admitiera que estaba enamorada de él.
Alejandro había decidido que quería que Quiana fuera su pareja, no tenía prisa, le daría suficiente tiempo a Quiana.
—Quiana, en re