—Alejandro, nos vemos al mediodía.
Alejandro sonrió: —Está bien, atiende tus asuntos primero. Por cierto, ¿tú y los alumnos necesitáis transporte? Puedo pasar por vosotros.
Quiana le agradeció: —Gracias por tu amabilidad. No es necesario. Hemos alquilado un autobús. Después del partido, podemos regresar al hotel en él.
—Entendido, entonces no pidas un autobús la próxima vez si necesitas auto, solo llámame y te ayudaré a organizarlo.
Quiana sonrió: —Está bien, te molestaré la próxima vez que veng