Kevin seguía persiguiendo a Luna, como un chicle que no se podía quitar.
Todos miraban a los dos y nadie se atrevía a intervenir.
Los admiradores de Luna odiaban a Kevin. Toda la noche este descarado estuvo molestando al señor Lucas.
Luna fue directamente a disculparse con el organizador y le dijo: —Señor Williams, lo siento, tengo algunas cosas que hacer, tengo que irme.
El señor Williams sabía que Luna estaba harta de las molestias de Kevin. Ahora que era la comidilla de toda la ciudad, había