Isabela renunció a forcejear. Como no se atrevió a agarrar a Callum, no sabía dónde poner sus dos manos.
Callum dijo mientras caminaba con ella en brazos: —Pareces menuda y delicada, pensé que serías ligera, no fui consciente de que pesabas bastante hasta que te cogí en brazos. Si ya hubieras corrido varios miles de metros, yo estaría tan cansado si te hubiera cogido así y ni siquiera podría levantar los brazos.
Isabela contestó: —Señor Callum, yo no le pedí que me llevara en brazos.
Ella había