La habitación del hospital estaba silenciosa como sólo los hospitales pueden estarlo: demasiado limpia, demasiado silenciosa, como si el aire mismo estuviera conteniendo la respiración.
Damian yacía en la cama, los monitores pitaban suavemente a su lado. Tenía el rostro pálido, los labios secos y el pecho subiendo y bajando de manera desigual. El traje blanco que tenía había desaparecido, reemplazado por una fina bata de hospital que lo hacía parecer… más pequeño. Humana.
Aria se sentó en la